Hotel Ruso, Isla de Sal (Cabo Verde)

Gazzano

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La verdad siempre danza entre miradas vacías y aspiraciones muertas.

Y el Hotel Ruso no es un hotel.

Es una geografía donde la pureza se arraiga.

Un tsunami de muerte abocado a la vida.

La Macaronesia hecha miseria, a base de grogue y de una cocaína que un día aspiró a ser esnifada en Frith St y terminó varada en medio de un Atlántico que apesta a nada.

Cuando todo apesta a sexo supurante.

A equilibrios arrítmicos.

A sudor fétido.

Y a cesáreas que nunca debieron existir.

Ya no hay turistas de Volgogrado. Ahora hay bares en lo que antes fueron habitaciones desalmadas. Las latas de Strela se apilan.

Las mafias biseauguineanas cocinan un bálsamo.

Las putas compiten en desigualdad con el hacinamiento.

Ausencia de clandestinidad.

Nombres y apellidos.

Puñaladas, anónimas, en el costado.

Fierabrás aguarda siempre en el siguiente recodo.

Por eso nadie duerme.

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